El domingo antes pasado tuve una gratísima experiencia luego de escuchar el evangelio de ese día y la explicación del sacerdote. La lectura del Evangelio de Mateo 20, habla de que el padre de familia sale en diferentes horas del día a buscar trabajadores para su viña, y hace acuerdos con ellos de pagarles un denario el jornal. Al final del día, les fue pagando empezando por los últimos a los cuales les pago un denario. Los que habían trabajado el día entero se molestaron cuando le pagaron lo mismo que a los que llegaron de último.
El hombre les responde:
¿no conviniste conmigo en un denario? - Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.
- ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?
El sacerdote explicó que la forma de ser de Jesús es muy diferente a como nosotros la pensamos. Que todo lo que EL hace por nosotros es por su inmensa bondad. Yo la verdad, no supe explicar exactamente lo que sentí, pero de repente todo fue claro para mí: “Nunca he sido yo, todo ha sido por Su Bondad”.
No pude evitarlo y lloré. Lloré por tantas horas perdidas y tantas lágrimas derramadas en vano. Tanto autocastigo pensando que las cosas que me pasaban era por mis errores y mis pecados. Que tantas veces recibía tantas y tantas bendiciones, que muchas veces en lugar de disfrutarlas, esperaba el “ramplimazo” de allá para acá. Pero ahora entiendo y sé que todo ha sido por su inconmensurable bondad. Que El siempre me ha perdonado y ha estado ahí para mí. Que algo tan simple pueda darte tanta paz.
Esto no ha significado mi conversión ni menos, pero si he empezado a ver las cosas con otra mentalidad y he iniciado una conversación más íntima con EL. Luego les cuento de tantas bendiciones recibidas, son incontables!!!








