A vos… y tu infinita ausencia

Amor, te escribo para contarte que tu ausencia me dejó lugares llenos de vacío. Por ejemplo, en un rincón de mi casa atesoro incontables fotos, guardadas en un álbum sin fin. Allí se encierra mi historia, ese es el registro de mis días y mis noches y me preocupé todo este tiempo por tenerlo prolijo y perfecto, sin espacios en blanco.

Sin embargo, mágicamente, encuentro intercaladas entre sus páginas las fotos que nunca nos sacamos, después de los retratos de mi familia, de mis amigos y del último verano. Al principio supuse que se trataba de un error involuntario cometido por mi atropello pero las volví a ordenar y a pesar de eso, como si estuvieran capturadas por un hechizo, los huecos aparecieron nuevamente.

Fue entonces cuando empecé a prestar más atención a los detalles de mi pequeño universo.

El timbre del portero está desgastado, tal vez por todas las veces que vos no viniste, por todas las madrugadas que me negaste sistemáticamente; como si lo mío se tratara de un capricho y lo tuyo también. Algunas veces mientras subo las escaleras hacia el octavo piso, voy buscando encontrarte, buscando verte fumando y tal vez desarmado y llorándome, como no me lloraste todos estos años. También en la calle, justo frente a mi edificio, queda siempre un lugar sin ocupar y sólo por curiosidad esta tarde tomé las medidas del espacio. ¿Sabés qué? Es exactamente del mismo tamaño de tu auto, así que podrías no estacionarlo cada noche y no dejarlo vacío cada mañana, cuando salgas para empezar tu día de trabajo. Del mismo modo en el contestador automático, existe una hendidura por la que se filtran los llamados que jamás me hiciste, después del mensaje que no grabamos juntos y del eco del beep ensordecedor.

Y todo esto está dejando tanta huella, que hasta encuentro diseminados en mi departamento los besos que nunca nos dimos y me tropiezo permanentemente con las caricias que todavía nos faltan. Es más, creo que sería ridículo enumerarte las noches de amor que nos quedaron atascadas, aunque ya hice un cálculo aproximado que te sorprendería y que prefiero no revelarte. Al tiempo que me duermo voy abrazando tu recuerdo y tengo sumo cuidado en no golpear tu alma mientras doy vueltas en la cama, pensándote. Se acumulan en mi cocina los pocillos de café que no tomamos y hasta guardo en la heladera las botellas vacías de todas las buenas noticias que jamás festejamos. Tus ausencias son terribles amor, son dolorosas, así que por las dudas escondo entre mis tesoros más preciados tu sombra eterna, eso sí, fue lo único que me dejaste para siempre. Algunas veces me siento en una de las sillas frías y establezco con vos una de mis inenarrables charlas, y te voy contando todo lo que me está pasando, cuánto te extraño, cómo te necesito, y aunque no me decís nada, me basta con disfrutar de tu silencio. Y por suerte nos llevamos bien, mi soledad y yo; digamos que nos estamos acostumbrando poco a poco a esta convivencia obligada.

Extrañamente tengo cuidadosamente guardadas y ordenadas por fecha las cartas que nunca me escribiste. Y muchas noches, antes de acostarme, releo los cuentos que ninguna vez me entregaste. En mis paredes exhibo orgullosa el único dibujo que no me hiciste, pintado con acuarelas transparentes y firmado con tinta invisible. Justo al lado, existe un reloj por el que desfilan una por una, todas las horas que me evitaste en esta vida. Y en la mesa chiquita, esa de madera, ahora descansa un florero atestado de fresias y jazmines que nunca compraste para mí.

Cuando todo se oscurece y me despido del día, suelo escuchar las canciones que ningún anochecer me dedicaste. Esas que no cantabas, que no murmurabas, las que ni siquiera se han inventado en honor a nuestro amor a contramano.

En fin, esto de andar sin vos por mi biografía, cada vez se está haciendo más doloroso. Pero tengo una calma tan ficticia, una resignación disfrazada y tan bien actuada, que me obligo a continuar mirando hacia delante, intentando que la vida no se me pase pendiente de vos y tu regreso.

En el video club todavía están reservadas todas las películas que quería ver con vos, las que me hubiera encantado compartir y bueno, por suerte los dueños me entienden y las acumulan en un costado, hasta que podamos disfrutarlas juntos.

Cuando no estás, y esto es todos los días extensos y anchos de mi vida, tu no presencia me deja llena de interrogantes. Cómo serán tus noches. A quién le dedicarás tus sueños. Quién te invadirá la carne. Dónde acabará tu amor. A quién le inventarás tus pretextos. Hasta tu ausencia me está dejando llena de preguntas.

Cuando quiero acercarme a vos, a tu recuerdo intacto, ilumino con el encendedor que no te olvidaste, las velas que me prometiste y que jamás me regalaste. Contemplo extasiada como el fuego las consume, de la misma manera que ingenuamente creí que se iba a consumir mi deseo por vos. Pero eso no pasó y me quedó tanta historia atragantada, que me bebo en el desayuno tu saliva dulce, tal vez es lo único que me pude guardar de vos, porque aun me queda navegando por el cuerpo tu almíbar.

Sigo enamorándome irremediablemente de tu recuerdo que al día de hoy es lo único que tengo. Sigo alimentando tu fantasma cada noche, para que no se muera, porque tal vez creer en vos y en tus ojos negros, es lo único que me mantiene en pie.

Sigo recorriendo las calles que no caminamos juntos mientras te busco aferrada a una utopía, soñando con la posibilidad de que alguna noche borracho de amor, por casualidad o por perseverancia, por azar o por accidente, llegues hasta mi puerta y llenes mis espacios con tu alma.

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de Ginnette Publicado en Poesias

2 comentarios el “A vos… y tu infinita ausencia

  1. Sorry pero da la impresión de que el texto esta incompleto. Hasta donde se puede leer, es un excelente tributo a nuestra costumbre de descubrir cuales son las cosas verdaderamente importantes luego de que las perdemos (y creo q es una excelente oportunidad para ver si rompemos el habito), pero me quede esperando el final del relato (muy bueno por cierto).

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